jueves, 19 de mayo de 2016

La muerte de la educación tradicional

La niña le dijo a la maestra ¿y para qué debemos estudiar Física fundamental si no la vamos a usar en la vida? La maestra le llamó la atención por su impertinencia y le castigó. Años más tarde Marie Curie, descubrió por cuenta propia que la física era básica para sus estudios de radiación con la que se hizo mundialmente famosa.

Y es que la educación convencional empodera a un catedrático que dictamina el contenido a un grupo de estudiantes que deben aceptar las disposiciones, el carácter y metodología con la que éste primero se siente más cómodo, como él pretende haber adquirido conocimiento.

Bajo ese proceso educativo el estudiante no adiciona conocimiento a su acervo, sino que le es impuesta una disciplina que debe memorizar y replicar al momento de un examen. Es muy probable que ese estudiante no retenga ese conocimiento en su mente y que al poco tiempo se olvide de ello.

En la educación tradicional el educando es obligado a retener un conocimiento y es castigado de una u otra manera (tradicionalmente es con punteo inferior a la media) por no reproducirlo de la misma forma con que el catedrático tradicional lo enseñó.

El problema es que ese estudiante que recibe educación tradicional se termina convirtiendo en un estudiante tradicional. Con rencor, tratando de apoderarse de los conocimientos, aunque no los entienda. Se vuelve celoso y aprensivo y nunca desarrolla la capacidad de compartir el conocimiento, sino por el contrario trata que el prójimo jamás se encuentre con él.

La educación moderna por su parte, descarta la obligatoriedad de la memorización y se centra en la facilitación del conocimiento. En la actualidad lo importante ya no es memorizar, sino que el estudiante sepa reproducir el conocimiento en el plano práctico. Ahora, se enseña a hacer.

Por consiguiente, el catedrático ya no es una fuente absoluta de conocimiento, sino más bien un guía que enseña el camino del conocimiento al alumno, haciendo que este se encuentre con él, que lo descubra, que lo practique y que al final de cuentas, se quede con él.

El resultado de ese estudiante es muy distinto al estudiante tradicional. El estudiante práctico entiende que el conocimiento es un regalo que hay que compartir, que el conocimiento debe llegar a todo ser humano. Ese estudiante en la práctica se alegra que los demás tenga conocimiento, y se esfuerza en la conciliación, en regalar conocimiento a quien lo necesite. Él practica el conocimiento.


Si la sociedad mundial se deshace de la educación tradicional y se centra en la educación práctica, seguro que, en un futuro cercano, habrán más Marie Curies que brillarán y aportarán mucho más conocimiento a la posteridad.